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| La sexualidad adolescente - Página 3 de 3 |
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Sexualidad y adolescencia
El adolescente se enfrenta a múltiples pérdidas, entre ellas las pérdidas identificatorias: las identificaciones que fueron eficaces en su infancia caen por otras nuevas. Debe aclararse que esto no significa que dejen de producir efectos y que desaparezcan.
Este período asiste a una nueva oleada pulsional: las pulsiones parciales de la infancia se subordinan, en la mayoría de los casos, al primado genital al servicio de la reproducción. Esto no quiere decir que la sexualidad se iguale a genitalidad, sino que sólo se produce una unificación pulsional.
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“[...] en la adolescencia se produce un enloquecimiento del cuerpo, de las pulsiones y de los sentidos. El sujeto se encuentra en estado de enloquecimiento en el doble sentido de precipitación temporaria y de excitación erótica [...] Pese a no llegar siempre a la instancia de enloquecerse, el adolescente siempre se preocupa y se plantea, entre otras, preguntas existenciales: ‘¿Quién soy?’ [...] Su cuerpo le hace vivir experiencias insospechadas hasta entonces y su psiquis percibe nuevos caminos para el pensamiento y un caudal fantasmático, a veces difícil de encauzar. A menudo, experimenta modalidades de goce inéditas contra su voluntad, pues no siempre está listo para recibir e integrar tantas nuevas percepciones.” (Lauru, 2005: 170).
Asimismo, se reactualizan fantasías infantiles latentes, las cuales podrán ser reprimidas, rechazadas o renegadas, y usualmente se refuerza la barrera contra el incesto en pos de la cultura. “Es preciso abandonar esa radical alienación al deseo del Otro para autorizarse a desear algo por uno mismo con una relativa distancia de lo que desearon para él” (Díaz y Hillert, 1998: 22).
Por otra parte, no hay naturalidad en relación con la identidad sexual. No nacemos ‘hombre o mujeres’. A diferencia de otras especies animales, el género humano necesita aportar a la diferencia sexual anatómica un acto psíquico, una operación que permita acceder a la sexualidad. En términos generales, ese acceso se juega en el modo en que cada sujeto satisface su propia sexualidad.
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En otros términos, la sexualidad trata de lo que habitualmente se llama “hacerse hombre” o “hacerse mujer”. Y resulta que ese “hacerse” se realiza, o no, en el tiempo de la adolescencia. Tiempo de incertidumbres, de preguntas sin respuestas, de ensayos, aproximaciones, porque se instalaron los enigmas de la sexualidad, del amor, de la vida y de la muerte.
El adolescente se enfrenta a la inexistencia de un saber universal sobre la sexualidad que se transmita genéticamente. “Tampoco existe un modo universal de lo que hay que hacer en cada situación, y en ello reside el drama de lo humano: siempre está sujetado al enigma del deseo.” (Díaz y Hillert, 1998: 73).
Y es justamente por ser la sexualidad un saber construido desde la gestación que la educación tanto formal como no formal adquiere un rol esencial en esta construcción. Pero en ambos ámbitos tanto formales como no formales, el devenir sexual y el aprendizaje sobre la sexualidad humana que realizan los sujetos se enfrentan a múltiples mitos y prejuicios.
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Palabras claves: adolescencia, pubertad, sexualidad, sexo
Referencias
Aberastury, Arminda (1965): El Adolescente Normal, Paidós, Buenos Aires.
Di Segui de Obiols, Silvia (año desconocido): Conferencia Ser adolescente en la posmodernidad, del Ciclo de Conferencias dictadas en el Instituto Nacional de Enseñanza Superior “Olga Cossetini”, Rosario.
Díaz, Guillermina & Hillert, Rebeca (1998): El Tren de los Adolescentes, Editorial LUMEN/HUMANITAS, Buenos Aires.
Laplanche, J. & Pontalis, J. B.: Diccionario de Psicoanálisis (CD-ROM).
Lauru, Didier (2005): La locura adolescente, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires.
Volnovich, Juan Carlos (2001): Niñas florecientes. Varones en problemas, en Revista Ensayos y Experiencias, Año 7 - Nº 38, mayo/junio 2001.
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