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 Psicopatología - Trastorno autista - Etiología - Página 2 de 5

 

Autismo: Etiología. ¿Cuáles son sus causas?


Jerusalinsky plantea que en el campo de la etiología del autismo la discusión se centra en torno de cuál es el factor causal: la función materna (el ambiente) o una alteración cerebral (la constitución biofisiológica).

Hay hipótesis de que el autismo se debería a una lesión del sistema reticular ascendente, otras lo atribuyen a que también esta afectado el sistema límbico.

No obstante, Winnicott subraya, partiendo del campo psicoanalítico, la capital importancia que tiene el vínculo madre-hijo en la integración subjetiva del niño y cómo puede ser destructiva una falla en este terreno, hasta el punto de afectar físicamente al bebé. En este mismo sentido se pronuncia Tustin y a este respecto cita a Winnicott: "La madre coloca el pecho real en el lugar y en el momento exactos en que el niño está listo para crearlo".
 

Trastorno autistaDel éxito de esta satisfacción, que superpone lo real a lo alucinatorio, dependerá el curso de la constitución del yo del niño. Apoyada en esta idea, la autora sostiene que la causa puede ser una combinación de factores: por un lado, cuando "la capacidad el niño para recibir y hacer uso de los cuidados de los padres estuvo seriamente bloqueada o desorganizada"; y por otro, cuando las circunstancias de los cuidados que los padres ofrecieron al niño no facilitaron su desarrollo (1975).

En esta línea, las hipótesis psicoanalistas consideran en su mayoría que el surgimiento tanto de rasgos como de cuadros autistas está íntimamente vinculado al desequilibrio del encuentro del agente materno con el niño. Y este equilibrio depende, por un lado, del status psíquico de este agente y, por el otro, de las condiciones constitucionales del niño para apropiarse de los registros imaginario/simbólico que entran en juego en tal relación. Los psicoanalistas menos dogmáticos y más inteligentes no ponen en duda la posible presencia de un factor de propensión o de determinación orgánica, pero señalan que muchas veces este factor no parece estar presente y que, cuando lo está, aparece activado en una determinada articulación psíquica.

Por citar un ejemplo, es curioso el enfoque que ofrece la Dra. Cristina H. de Chiappini, quien plantea: “la armadura es un caparazón exterior como la concha de un caracol, que está para proteger las formas dentro más vulnerables [...] Esto a veces se ha llevado a la idea de la madre y el hijo donde la forma exterior, la madre, está protegiendo a la forma interior, el hijo [...] Pero cuando esta envoltura falla durante un largo tiempo, el bebé crea su propia caparazón o armadura utilizando maniobras que lo protegen o lo preservan de angustias primitivas de desparramarse como un gel sin límites [...]”. Si bien es una teoría interesante, no deja de ser un enfoque alternativo que sólo nos puede servir para enfocar parte del tratamiento del trastorno autista. No creo que se deba reducir la causa del autismo a la sola fractura de la función materna, sin hacer intervenir factores internos del niño.

Desde otra perspectiva más biologicista, Ángel Rivière destaca que Kanner (1943) y Asperger (1944), anticipándose a las hipótesis más actuales sobre la etiología más frecuente del autismo, sugerían un origen prenatal y genético para el cuadro. Actualmente sabemos que tenían razón en eso (por ej. Piven y Folstein, 1994; Folstein y Rutter, 1977, 1988) y no se discute la hipótesis de que el origen del autismo reside en la mayoría de los casos en sucesos internos, de naturaleza biológica, que alteran el desarrollo del niño o lo regulan de forma inadecuada.

 
   

Rivière está totalmente en contra de la hipótesis del origen ambiental del autismo: “aún está por escribirse la interesante peripecia de uno de los mitos pseudocientíficos más dañinos en la historia de la psicología y de la medicina: me refiero al mito de la ‘madre inadecuada’ como fuente del autismo”. Considero que esta postura es un tanto extrema, ya que hay numerosísimos casos registrados en donde se comprueba que la madre, o quien cumpla su función, estuvo mayormente ausente para su hijo/a en momentos tempranísimos y fundamentales de su desarrollo (produciéndose de este modo la denominada “fractura de la función materna”). Los niños desarrollaban así, o quizás reforzaban, un trastorno autista. Lo que en estos casos no se puede comprobar es qué hubiese pasado si esa madre hubiera estado efectivamente presente para ese niño, si igualmente el mismo hubiese desarrollado un trastorno autista o no.

Aún así, Rivière afirma: “Hoy aceptamos que el origen del autismo no reside en un ambiente externo inadecuado para el desarrollo del niño, sino en sucesos internos que perturban ese desarrollo. Las madres inadecuadas han sido sustituidas por estructuras límbicas o cerebelares inadecuadas (Bauman y Kemper, 1994), la contribución dañina de los padres supuestamente fríos, indiferentes o sobreprotectores por la contribución perjudicial de las estructuras del lóbulo temporal medial (Bachevalier y Merjanian, 1994); los excesos de agresiones maternas inconscientes por excesos de la serotonina (Anderson, 1994). Las investigaciones rigurosas no han permitido aún realizar una reconstrucción precisa, detallada, del curso etiopatogénico que produce el autismo en la mayor parte de los casos, pero son concluyentes: ese curso tiene su origen esencial en sucesos biológicos en el interior del niño.” Personalmente, me gustaría haber tenido el tiempo necesario para leer las investigaciones que Rivière cita, para poder así analizar si realmente sus resultados son tan concluyentes como este autor afirma que son respecto al origen biológico del autismo. No me cierro a esta posibilidad, pero soy conciente de que muchos lectores toman la “probabilidad” por la “certeza” cuando ésta sirve para justificar sus propios puntos de vista, confundiendo enunciados del tipo “es probable que la causa del autismo sea mayormente biológica” por “la causa del autismo es biológica”.

 
   

Afortunadamente Rivière logra ver que “en la medida en que el autismo es un trastorno del desarrollo y en que éste requiere necesariamente de la experiencia interactiva y cultural para humanizarse, las intervenciones internas nunca podrán constituir una alternativa única de tratamiento y deberán ser complementadas siempre por los procedimientos de intervención en el mundo externo, que constituye en último término la fuente de esa experiencia interactiva y cultural”. De esta forma, si bien el autor considera que la causa del autismo es biológica e interna, plantea una estrategia terapéutica que sí considera el entorno familiar y social del niño autista.

Tomando en consideración los dos tipos de planteos principales acerca de la etiología del trastorno autista, los biologicistas y los ambientalistas, personalmente considero que la solución más útil e inteligente es la ofrecida por Tronick y Weinberg de la Child Development Unit de Harvard. Ellos reconocen, en su estudio de 1996, la existencia de procesos críticos que contribuyen al éxito o al fracaso del desarrollo normal. Primero, la integridad y la capacidad del sistema fisiológico y del sistema nervioso central del niño para organizar y controlar sus estados fisiológicos y de conducta. Segundo, la integridad del sistema de comunicación del lactante, incluyendo los centros del sistema nervioso central que controlan y generan mensajes y significados, y el sistema motor que hace manifiestos estos mensajes. Tercero, la capacidad del cuidador para leer apropiadamente las comunicaciones del niño y la disposición para implementar una acción apropiada.

Estos autores han logrado así llegar a una integración de las causas biologicistas y ambientalistas, sin caer en reduccionismos innecesarios, y reconociendo al sujeto autista como un todo, como un ser biopsicosocial.

A este respecto, Susan Reid afirma que nuestras teorías son incompletas y que el tomar “posiciones” ha llevado a una rigidez de pensamiento y a una restricción de la imaginación que por momentos parece “un espejo de la condición autista misma”. Acordando con el planteo de Tronick y Weinberg, Reid sostiene que hay más de una causa de autismo: “es probable que haya, en la mayoría de los casos, una predisposición genética del lactante que en algunos niños es activada por las condiciones ambientales [...] sólo por medio de observaciones de lactantes se pueden reconocer evidencias detalladas de las interacciones madre-bebé que sirvan de base para pensar acerca de intervenciones terapéuticas apropiadas, ahora que ha aumentado el interés por la detección temprana del autismo en la infancia”.

 

 

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Palabras claves: autismo, trastorno autista, etiología, causas.

 

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