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 Psicopatología - Trastorno autista - Evolución - Página 3 de 5

 

Trastorno Autista. Curso evolutivo.


¿A qué edad mínima puede reconocerse el Autismo? Las investigaciones recientes (Lösche, 1990; Baron-Cohen, Allen y Gillberg, 1992; Rivière, 1996) demuestran con claridad que el autismo tiene un curso evolutivo típico, que se da en la mayoría de los casos. Ese esquema ontogenético característico se refleja en un desarrollo aparentemente normal en los 9 primeros meses de vida; se manifiesta luego sutilmente en insidiosas carencias evolutivas (que afectan especialmente a las capacidades comunicativas) en los 9 meses siguientes, y se despliega, por fin, en una clara distorsión cualitativa evidente alrededor de los 18 meses, es decir, en un momento del desarrollo del niño en que se producen cambios muy fundamentales y se acelera el proceso de humanización. La familia tiene así la impresión inolvidable de que “el niño se va”.
 

AutismoLas citadas investigaciones han modificado la impresión clínica de Kanner (1943), según la cual el autismo se manifestaría “desde el comienzo de la vida”. Aunque alrededor del 25% de los casos presenta algunas anomalías en el primer año, lo más común es que sea en el ecuador del segundo el momento crítico en que los padres se alarman ante un conjunto de síntomas característicos: falta de respuesta a las llamadas y al lenguaje, impresión de desconectada soledad, ausencia de juego de ficción, o pérdida o falta de desarrollo del lenguaje expresivo y, con alguna frecuencia, trastornos emocionales (miedos inexplicables e intensos, estados de irritación y malestar) y del sueño (insomnio). El psicólogo debe estar atento a identificar estos signos tempranos del trastorno autista.

Ángel Rivière define el autismo como la “sombra” que deja en el desarrollo una dificultad o imposibilidad para constituir ciertas funciones psicológicas cuyo momento crítico de adquisición se extiende entre el año y medio y los 5 ó 6 años. Es decir, los procesos de adquisición y desarrollo de ciertas capacidades esenciales se ven muy perturbados. Esas competencias son las que permiten: (1) compartir comunicativamente la experiencia, (2) desarrollar sistemas simbólicos en general, (3) en concreto el lenguaje, que es el sistema simbólico por excelencia de comunicación humana, (4) crear ficciones, incorporando al juego características complejas que desarrollan y permiten comprender pautas sociales y aspectos funcionales de los objetos y las situaciones, (5) desarrollar un sistema complejo de conceptos e inferencias adecuado para comprender a las personas y predecir su conducta (“teoría de la mente”), y (6) comprender la experiencia y organizarla de forma narrativa.

Como consecuencia, el autismo va a implicar siempre una alteración, mayor o menor, de doce aspectos del desarrollo: las destrezas de relación, acción y atención conjunta, teoría de la mente, comunicación, lenguaje expresivo y receptivo, anticipación, flexibilidad, asignación de sentido a la acción, imaginación, imitación y suspensión.

 
   

Si el autismo fuese un trastorno que se diera en la mayoría de los casos desde el nacimiento, lo lógico sería esperar que pudiera notarse que algo va mal desde los primeros meses de vida. En realidad, cuando se nota que algo funciona mal muy pronto, suele ser una falsa alarma de autismo. Cuando el niño es muy pequeño, debe considerarse muy seriamente la posibilidad de estar ante un retraso del desarrollo, del que es posible que el niño se libere en el futuro. En los casos de anormalidad cerebral generalizada, con el retraso mental severo consiguiente, hay signos precoces claros. Pero otra cuestión diferente es a qué edad mínima pueden reconocerse signos específicos de autismo. La falta de respuestas sociales y emocionales está muy extendida entre niños con retraso mental que no son autistas. Incluso en niños normales pueden darse problemas transitorios de desarrollo social. Puede suceder que tales problemas recuerden al autismo infantil, pero sería ridículo pensar que el autismo se ha “curado” en tales casos.

¿Y qué sucede cuando el niño autista crece? Los estudios sobre individuos autistas que ahora son adultos han llegado a la conclusión general de que el autismo, como el retraso mental, no desaparece, aunque cambie la conducta. De todas formas, las personas autistas pueden compensar sus dificultades en un grado considerable. Pueden llegar a hacer buen uso de sus posibilidades.

 
   

En lo que se refiere a la conducta social, la extrema soledad de muchos niños pequeños autistas disminuye en muchos casos. Pero, cualquiera sea la terapia o educación que se aplique, y con independencia de la mejoría que se produzca, sigue existiendo cierto déficit persistente aunque sutil.

 

 


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Palabras claves: autismo, trastorno autista, evolución.

 

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