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 Psicopatología - Trastorno autista - Tratamiento - Página 5 de 5

 

¿Cómo se trata el autismo? ¿Tiene cura?


El autismo como trastorno del desarrollo promueve la apertura de las teorías y el intercambio entre sí, ya que rara vez basta con un solo enfoque para poder lograr una mejoría. Quienes así lo pretenden, seguramente están destinados a ver escasos o ningún resultado en una psicoterapia.

En este sentido, Susana Sternbach afirma: “la alienación en el psicoanálisis, bajo sus vertientes teórica, clínica y técnica, constituye una tentación reduccionista siempre posible, siempre potencialmente presente [...] En la actualidad, tal vez más que nunca, las certezas simplificadoras se estrellan contra la complejidad de las demandas de nuestra clínica e impulsan al psicoanálisis a las aperturas que la práctica impone [...]"

 

Trastorno autista"La noción de un psicoanálisis plural y abierto, en intercambio constante con otros saberes, se sustenta en dicha perspectiva. Esto no significa un agrupamiento indiscriminado de teorías, escuelas o técnicas. Tampoco una extrapolación abusiva de conceptos insertos en un determinado cuerpo teóricos hacia otros saberes. Se tratará de descompletar la propia lectura a partir de otros aportes, a sabiendas de las diferencias y especificidades entre los enfoques. La riqueza de la diversidad se nutre del respeto por las fronteras. Esos lugares que, delimitando territorios, son permeables y promueven el intercambio.”

Desde el ámbito de la prevención, la importancia de un psicodiagnóstico del trastorno autista radica en poder identificar los indicadores de conductas autistas que ayudarán al profesional a prevenir tempranamente el posible desarrollo de este cuadro, promoviendo desde su práctica la evitación o disminución de circunstancias que frecuentemente producen o favorecen la desconexión, como ser:
las internaciones prolongadas en el prematuro, el recién nacido y el niño pequeño; los períodos de inmovilización, por yesos y similares; los déficit visuales y auditivos, tratando de evitar las intervenciones quirúrgicas repetidas y las oclusiones oculares prolongadas; el tiempo prolongado de internación bajo tutela judicial de los niños pequeños abandonados; las guarderías donde el niño puede pasar muchas horas al día (si esto no se puede evitar, deberá al menos exigirse que sea una sola persona y siempre la misma la que lo atienda); los cambios repetidos de figuras parentales; consolar al niño con objetos en lugar de afecto, y aún todo tipo de contacto mecánico y vacío de amor.

De esta forma, el tratamiento debe tender a la prevención y a la detección precoz, pues así puede evitarse o disminuirse el deterioro neuropsíquico, impidiendo la estabilización o evolución del cuadro autista, el cual dificulta toda intervención terapéutica. Asimismo, debe tratarse la patología neurológica de base cuando la haya.

Owen Foster afirma que el tratamiento deberá apoyarse en la psicoterapia, la farmacoterapia, la estimulación temprana, la terapia psicomotriz y la reeducación, siempre con un único psicoterapeuta, y con la activa participación de la familia en este tratamiento interdisciplinario.

Debemos aceptar que por el momento no sabemos cómo curar el autismo, pero sí sabemos que las consecuencias más negativas del mismo pueden limitarse, y para eso contamos con procedimientos para hacer más significativo el mundo de las personas autistas, más amplias sus posibilidades de autonomía y realización personal, y más posible su comunicación con otras personas. En los últimos veinte años, los avances terapéuticos en autismo han sido importantes, por mucho que el autismo siga siendo –como señaló en una ocasión John Wing– el “Everest” de la psicopatología infantil, el monte más alto y difícil de escalar.

 
   

Es así que cualquiera sea la terapia y/o educación que se aplique, y con independencia de la mejoría que se produzca, sigue existiendo cierto déficit persistente aunque sutil. Parece que hay algo que falta, algo que no puede corregirse ni sustituirse.

A pesar de esto, puede verse en el caso de Freddie que Susan Reid relata, cómo la intervención temprana del terapeuta puede ser altamente efectiva, ayudando al niño y a su familia en la mejoría o superación de un posible cuadro autista. Por esta razón, el profesional de la salud infantil debe conocer los signos y síntomas del trastorno autista para poder identificar rápidamente las conductas de desconexión, previniendo e interviniendo sobre el niño y su entorno. Este trabajo ha apuntado justamente al conocimiento de estos indicadores temprano del autismo.

 
   

Afortunadamente Rivière logra ver que “en la medida en que el autismo es un trastorno del desarrollo y en que éste requiere necesariamente de la experiencia interactiva y cultural para humanizarse, las intervenciones internas nunca podrán constituir una alternativa única de tratamiento y deberán ser complementadas siempre por los procedimientos de intervención en el mundo externo, que constituye en último término la fuente de esa experiencia interactiva y cultural”. De esta forma, si bien el autor considera que la causa del autismo es biológica e interna, plantea una estrategia terapéutica que sí considera el entorno familiar y social del niño autista.

Tomando en consideración los dos tipos de planteos principales acerca de la etiología del trastorno autista, los biologicistas y los ambientalistas, personalmente considero que la solución más útil e inteligente es la ofrecida por Tronick y Weinberg de la Child Development Unit de Harvard. Ellos reconocen, en su estudio de 1996, la existencia de procesos críticos que contribuyen al éxito o al fracaso del desarrollo normal. Primero, la integridad y la capacidad del sistema fisiológico y del sistema nervioso central del niño para organizar y controlar sus estados fisiológicos y de conducta. Segundo, la integridad del sistema de comunicación del lactante, incluyendo los centros del sistema nervioso central que controlan y generan mensajes y significados, y el sistema motor que hace manifiestos estos mensajes. Tercero, la capacidad del cuidador para leer apropiadamente las comunicaciones del niño y la disposición para implementar una acción apropiada.

Estos autores han logrado así llegar a una integración de las causas biologicistas y ambientalistas, sin caer en reduccionismos innecesarios, y reconociendo al sujeto autista como un todo, como un ser biopsicosocial.

A este respecto, Susan Reid afirma que nuestras teorías son incompletas y que el tomar “posiciones” ha llevado a una rigidez de pensamiento y a una restricción de la imaginación que por momentos parece “un espejo de la condición autista misma”. Acordando con el planteo de Tronick y Weinberg, Reid sostiene que hay más de una causa de autismo: “es probable que haya, en la mayoría de los casos, una predisposición genética del lactante que en algunos niños es activada por las condiciones ambientales [...] sólo por medio de observaciones de lactantes se pueden reconocer evidencias detalladas de las interacciones madre-bebé que sirvan de base para pensar acerca de intervenciones terapéuticas apropiadas, ahora que ha aumentado el interés por la detección temprana del autismo en la infancia”.

 

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Palabras claves: autismo, trastorno autista, tratamiento, interdisciplina.

 

Referencias

(Autor desconocido), ¿Qué es el autismo? (capítulo de un libro incluido como bibliografía del Curso “Intervención
Educativa Terapéutica en Autismo” dictado en el Servicio de Atención a la Discapacidad).

D.S.M. IV

Foster, Owen H., Autismo en Neurología Infantil. En Psicoanálisis del Autismo, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

Huberman de Chiappini, Cristina y otros (1997), Más allá de la observación y Emergiendo del caparazón. En
Observación de Lactantes
, Buenos Aires, Ediciones Kargieman.

Jerusalinsky, Alfredo (1988), Psicoanálisis del Autismo, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

Kanner, Leo (1943), Psiquiatría Infantil, Buenos Aires, Editorial Paidos (Reedición 1974)

Lebovici, Serge (1988), El lactante, su madre y el psicoanalista. Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Lebovici, Serge (1995), La psicopatología del bebé. México, Siglo XXI.

Mannoni, Maud, Esos niños llamados autistas.

Reid, Susan, El desarrollo de defensas autistas en un lactante: La utilización del estudio de un caso clínico individual
para la investigación
. En Revista Internacional de Observación de Lactantes, Fundación Kamala.

Rivière, Ángel (1997), El tratamiento del autismo como trastorno del desarrollo: principios generales. En El tratamiento
del autismo: nuevas perspectivas
, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Sternbach, Susana (2003), En los bordes: clínica actual y tramas vinculares. En Psicoanálisis: cambios y permanencias, Buenos Aires, Edit. Del Zorzal.

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