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 Sociología - Michel Foucault (1975) Vigilar y Castigar - Resumen - Página 4 de 10

 

VIGILAR Y CASTIGAR

Michel Foucault

DISCIPLINA

I.    LOS CUERPOS DÓCILES

La figura ideal del soldado tal como se describía aún a comienzos del S XVII. Es alguien a quien se reconoce desde lejos. Representa un cuerpo apto según determinadas características (vigor, valentía, buena marcha, cabeza erguida, estómago levantado, etc, etc, etc). Segunda mitad del S XVIII: el soldado se ha convertido en algo que se fabrica, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se necesitaba.

 
Ha habido en el curso de la edad clásica un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Cuerpo que se manipula, que se da forma, que se educa, que obedece. El gran libro del Hombre-máquina ha sido escrito en dos registros:
  • el anátomo-metafísico, del que Descartes había compuesto las primeras páginas, y que médicos y filósofos continuaron (óptica médica y filosófica). Se trata aquí de funcionamiento y explicación; de un cuerpo analizable.
  • el técnico-político, que estuvo constituido por reglamentos (militares, escolares, hospitalarios) y por procedimientos empíricos y reflexivos. Se trata aquí de sumisión y utilización; de un cuerpo manipulable.

Estos dos registros se hallan unidos por la noción de docilidad. Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, utilizado, transformado y perfeccionado. Estos esquemas de docilidad, de tanto interés para el S XVIII, no son los primeros en plantear el cuerpo como objeto de intereses, pero hay cosas nuevas en estas técnicas. En primer lugar, la escala de control: no se trata al cuerpo como unidad indisociable, sino que se lo trabaja en sus partes, se ejerce sobre él una coerción (sujeción) débil. En segundo lugar, el objeto de control: ya no los elementos significantes de la conducta o el lenguaje del cuerpo, sino la economía, la eficacia de los movimientos, su organización interna. En fin, la modalidad implica una coerción constante que vela sobre los procesos de la actividad más que sobre su resultado.

 
   

Por lo tanto, llamamos DISCIPLINAS a estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad. Estas han llegado a ser, en el transcurso de los S XVII y XVIII fórmulas generales de dominación. Se diferencian:
  • de la esclavitud (no se fundan en una relación de apropiación de los cuerpos),
  • de la domesticidad (que es una relación de dominación constante, masiva, no analítica, ilimitada y establecida bajo el “capricho” del amo),
  • del vasallaje o feudalismo (relación de sumisión extremadamente codificada que atañe más a los productos del trabajo que a las operaciones del cuerpo),
  • del ascetismo y de las “disciplinas” de tipo monástico (que garantizan renunciaciones más que aumentos de utilidad y que, si bien implican la obediencia a otro, tienen por objeto principal un aumento del dominio de uno sobre su propio cuerpo).
El momento histórico de la disciplina es cuando nace un arte del cuerpo humano pensado como cuanto más obediente, más útil. El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo desarticula y lo recompone. Una “anatomía política”, una “mecánica del poder” está naciendo, definiendo cómo se puede hacer que los cuerpos operen como se quiere. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina disocia el poder del cuerpo, hace de este poder una “aptitud”, una “capacidad” que trata de aumentar la potencia, convirtiéndola en una relación de sujeción estricta.

Esta nueva anatomía política como una multiplicidad de procesos con frecuencia menores y de localización diseminada. Se los encuentra actuando en colegios, en escuelas elementales, en hospitales, en el ejército. Casi siempre se han impuesto para responder a exigencias de coyuntura.
(Foucault no hará una historia de las instituciones disciplinarias, sino que señalará algunos ejemplos para teorizar en base a ellos).

La disciplina es una anatomía política del detalle.
En esta tradición de la eminencia del detalle aparecerá en la educación cristiana, en la pedagogía escolar o militar, en todas las formas finalmente de encauzamiento de la conducta. Para el hombre disciplinado, como para el verdadero creyente, ningún detalle es indiferente.Una observación minuciosa del detalle, y una consideración política de estas pequeñas cosas, para el control y la utilización de los hombres, se abre paso a través de la época clásica, llevando consigo un conjunto de técnicas, un corpus de procedimientos y de saber, de descripciones, y de datos. Y de estas fruslerías (cosas de poco valor) ha nacido el hombre del humanismo moderno.


 
   

EL ARTE DE LAS DISTRIBUCIONES

La disciplina  procede a la distribución de los individuos en el espacio. Para ellos emplea varias técnicas.

1. La clasura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria. Ejemplos: colegios con el modelo de “convento”, cuarteles,  talleres manufactureros (por ej.  Toufait construye Le Creusot en el valle de la Charbonnièrem e instala en la fábrica misma alojamientos para obreros, constituyendo un nuevo tipo de control. La fábrica así se asemeja al convento, a la fortaleza, a una ciudad cerrada: “el guardián no abrirá las puertas hasta la entrada de los obreros, y luego que la campana que anuncia la reanudación de los trabajos haya sonado”; 15min después nadie tendrá derecho a entrar; al final de la jornada, los jefes de taller  tienen la obligación de entregar las llaves al portero para que abra las puertas).

2. La localización elemental o división en zonas, espacios. A cada individuo su lugar. Evitar las distribuciones por grupos, analizar las pluralidades confusas. Es preciso anular los efectos de las distribuciones indecisas. Se trata de saber dónde y cómo encontrar a los individuos, poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades. Procedimiento para dominar y para utilizar. La disciplina organiza el espacio analítico, el espacio celular.

3. Los emplazamientos funcionales
van progresivamente a codificar en las instituciones disciplinarias un espacio que la arquitectura dejaba en general disponible y dispuesto para varios usos. Se fijan lugares determinados para responder a la necesidad de vigilar, de romper las comunicaciones peligrosas y de crear un espacio útil. Ejemplos: en hospitales militares y navales (para la vigilancia médica de enfermedades y de contagios). Las disposiciones de la vigilancia fiscal y económica preceden las técnicas de la observación médica: localización de medicamentos en cofres cerrados, registro de su utilización, poco después identificación de enfermos, más tarde aislamiento de los contagiosos, las camas separadas. Poco a poco, un espacio administrativo y político se articula en espacio terapéutico. Nace de la disciplina un espacio médicamente útil.
Otro ejemplo: en las fábricas a fines del S XVIII se complica el principio de división en zonas individualizantes. Se trata a la vez de distribuir a los individuos en un espacio en el que es posible aislarlos y localizarlos; pero también de articular esta distribución sobre un aparato de producción que tiene exigencias propias. Así en una manufactura en Jouy, la planta baja se destina al estampado, y hay dos hileras a lo largo de la sala donde cada estampador trabaja en su mesa. Recorriendo el pasillo central es posible vigilar general e individualmente. La producción se divide. Bajo la división del proceso de producción, se encuentra, en el nacimiento de la gran industria, la descomposición individualizante de la fuerza de trabajo; las distribuciones del espacio disciplinario han garantizado a menudo una y otra.

4. El rango. En la disciplina los elementos son intercambiables, puesto que cada uno se define por el lugar que ocupa en una serie, y por la distancia que lo separa de los otros. La unidad en ella no es pues ni el territorio (unidad de dominación), ni el lugar (unidad de residencia), sino el rango: el lugar que se ocupa en una clasificación. La disciplina, arte del rango y técnica para la transformación de las combinaciones. Individualiza los cuerpos por una localización que no los implanta, pero los distribuye y los hace circular en un sistema de relaciones. Ejemplo: el “rango”, en el S XVIII, comienza a definir la gran forma de distribución de los individuos en el orden escolar: hileras de alumnos en clase, en los pasillos y los estudios; alineamiento de los grupos de edad unos a continuación de los otros; sucesión de las materias enseñadas según un orden de dificultad creciente. Y en estos alineamientos obligatorios, cada alumno de acuerdo a su edad, a sus adelantos y a su conducta, ocupa un orden determinado, un rango. Movimiento perpetuo en el que los individuos sustituyen unos a otros en un espacio ritmado por intervalos alineados.

La organización de un espacio serial fue una de las grandes mutaciones técnicas de la enseñanza elemental. Permitió sobrepasar el sistema tradicional (un alumno que trabaja unos minutos con el maestro, mientras el grupo permanece ocioso y sin vigilancia). Al asignar lugares individuales ha organizado una nueva economía del tiempo de aprendizaje. El espacio escolar como una máquina de aprender, pero también de vigilar.

Al organizar las “celdas”, los “lugares” y los “rangos”, fabrican las disciplinas espacios complejos: arquitectónicos, funcionales y jerárquicos a la vez. Recortan segmentos individuales e instauran relaciones operatorias. Espacios mixtos: reales (rigen la disposición de pabellones, salas, mobiliarios), pero ideales (se proyectan sobre la ordenación de las caracterizaciones, de las jerarquías). La primera de las grandes operaciones de la disciplina es pues la constitución de “cuadros vivos” que transforman las multitudes confusas, inútiles o peligrosas, en multiplicidades ordenadas. Esta constitución ha sido uno de los grandes problemas de la tecnología científica, política y económica del S XVIII: controlar, regularizar la circulación de las mercancías y de la moneda, inspeccionar a los hombres, distribuir los enfermos y clasificar las enfermedades: operaciones en que los dos constituyentes –distribución y análisis, control e inteligibilidad– son solidarios el uno con el otro. El cuadro en el  S XVIII es una técnica de poder y un procedimiento de saber. Se trata de organizar lo múltiple.


Pero el cuadro no desempeña la misma función en estos diferentes registros. En la economía, permite la medida de las cantidades y el análisis de los movimientos. En la taxonomía, caracteriza y constituye clases (por tanto reduce las singularidades). Pero en la distribución disciplinaria, la ordenación en cuadro tiene como función, por el contrario, distribuir la multiplicidad y obtener de ella el mayor número de efectos posibles. Mientras que la taxonomía natural se sitúa sobre el eje que va del carácter a la categoría, la táctica disciplinaria se sitúa sobre el eje que une lo singular con lo múltiple. Permite a la vez la caracterización del individuo como individuo, y la ordenación de una multiplicidad dada. Es condición primera para el control y el uso de un conjunto de elementos distintos: la base para una microfísica de un poder celular.
 





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Palabras claves:
Michel Foucault, vigilar, castigar, suplicio, disciplina, panoptismo.

 

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